Vino joven, crianza, reserva y gran reserva. ¿En qué se diferencian?

Uno de los factores que definen por completo el estilo de los vinos es su envejecimiento. Por supuesto, el tipo de uva o el terreno son importantes, pero el tiempo de reposo en recipientes de distintos materiales (siendo la barrica de madera el más popular) es lo que más influye en el perfil final de los vinos.

Según el tiempo que cada uno permanezca en contacto con la madera, los vinos se dividen en: joven, crianza, reserva y gran reserva.

El vino joven o “vino del año” es el que se embotella pocos meses después de su fermentación. Algunos reposan en barricas de roble, pero su tiempo de contacto con la madera es siempre inferior al mínimo establecido para obtener la calificación de crianza.

Están pensados para ser consumidos enseguida, por lo que suelen ser vinos muy frescos, prácticamente sin aromas terciarios. Conservan, pues, todo el carácter de la fruta, así que es fácil que sean vinos más “salvajes”.

En algunas denominaciones de origen, como Ribera del Duero por ejemplo, han encontrado un punto intermedio entre los jóvenes y los crianzas, dando lugar a los calificativos Roble, Barrica o Semicrianza. Son vinos jóvenes que sí han pasado algunos meses en barrica, tomando así más elementos de la madera.

El vino crianza es aquel que tiene un envejecimiento de 24 meses, con al menos 6 en barrica y el resto en botella para vinos tintos. En el caso de los blancos y rosados, son 18 meses, de los que por lo menos 6 deben trascurrir en barrica.

Son vinos con más carácter y que aguantan más tiempo en botella antes de ser disfrutados.

Los vinos reserva son los que cuentan con un envejecimiento de al menos 36 meses, de los cuales 12 deben darse en barrica; blancos y rosados deben madurar un mínimo 24 meses, transcurriendo 6 de ellos en barrica.

Finalmente, hablamos de un vino gran reserva sólo cuando este ha sido elaborado en las mejores añadas y con uvas de calidad sobresaliente. Su periodo de envejecimiento mínimo es de 5 años para los vinos tintos, con un mínimo de 18 meses en barrica y el resto en botella. Los blancos y rosados tienen un envejecimiento de 48 meses, con al menos de 6 en barrica y el resto en botella.

Obviamente, el precio va acorde a su envejecimiento, aunque esto no nos debe llevar a pensar que no hay vinos crianza, o incluso jóvenes, que pueden ser excepcionales.

En esta infografía, elaborada por Vinissimus, se explica muy bien el envejecimiento del vino.

Vinissimus-barrica

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